No estoy muerto….

…como dicen por aca, simplemente, ando de parranda.

Y vaya parranda.

Hoy desperté al llanto de una mujer. No llamarle estado de shock sería faltar a la verdad.

Una prima cercana interrumpió mi sueño al llamar a la puerta de nuestra casa. Todos creemos que Monterrey, la ciudad en la que vivo, es una ciudad tranquila. Y en términos generales lo es. Es posible caminar a las 3am por el centro de la ciudad sin temor alguno. Pero lo que hoy me despertó lo contradice todo.

Mi prima, antes que otra cosa, decide hoy por la mañana retirar dinero de un cajero automático, en un banco que se encuentra a un par de minutos de nuestro hogar.

Estaciona su auto justo en frente del cajero autómatico, lo cual es posible dado que el banco no abre sino hasta las 9 de la mañana. Antes de bajarse de su coche, nota sorprendida que el cajero se encuentra inusualmente concurrido. Para ser las ocho y fracción de la mañana 4 personas dentro del cajero se antojan a concurrencia. Que retire dinero el que lo necesite, los demas, que aguarden en el coche….

Pero una segunda mirada la congela. Al agudizar la vista nota un revolver en la bolsa derecha de uno de los supuestos cuentahabientas. Al pasear de nuevo su mirada por la zona nota que entre las personas que alcanza distinguir percibe un cuerpo aterrado. Alguien esta siendo atracado frente a sus ojos. Asaltada a uno cuantos metros o, peor aun, posiblemente secuestrada.

Su linea de vista es, segundos después, interrumpida por el cuerpo de otra persona que aprieta entre sus manos una subametralladora, que con un súbito movimiento de brazos la convierte en instantes en su nuevo blanco. Probablemente es un cuerno de chivo, una AK-47. Probablemente; pero a quien le importa, nadie quisiera mirarla lo suficiente para estar seguro.

Sólo basta que el poseedor de la supuesta ametralladora agite sus brazos para que mi prima abandone sus planes de visitar el cajero automático y emprenda un viaje a todo motor sin destino aparente.

Atemorizada por la posiblidad de ser perseguida por un ladrón furtivo que quiere callar su posible testimonio delatador, maneja su auto veloz y aleatoriamente por los alrededores de nuestra casa, hasta que termina llamanda desesperadamente a nuestra puerta.

Su voz, si pudiera alguien llamarle asi a ese conjunto de jadeos y pujidos indistinguibles, nos despierta.

Era una mañana apacible, en una ciudad que solía serlo. Y mientras trato de comprender los nuevos acontecimientos recuerdo que tengo semanas de no escribir en este weblog. Vaya que han pasado las semanas, pero pronto espero volver, y si que hay cosas que contar. Cosas que valen la pena.

One Response

  1. A gravatar

    ablacon migo roberta

    jose - Septiembre 29th, 2005 at 5:29 pm

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